De día, José González trabaja como ingeniero de sistemas. A veces se acuesta con la esposa de su jefe, incluso en el baño de la empresa; y últimamente anda enredado con Ester, una compañera de trabajo. De noche, se dedica a una turbulenta vida nocturna. Cantidades eternas de licor, drogas de muchos colores, sexo de alta intensidad, incluso con travestis callejeras.
El alegre carnaval se estrella una mañana cuando descubre unas ronchas en el ombligo. Pronto aparecen en sus manos, y en el pecho. Alberto, un compañero de trabajo a quien encuentra en el baño vomitando, le dice que no es el único. Él también está contagiado de ‘litomiasis’, una extraño virus que viene de la selva y destruye los tejidos del cuerpo de forma inevitable y asquerosa.
José no vislumbra entonces otro camino que el suicidio. Cuando está a punto de pegarse un tiro en la boca, una terrible explosión ocurre en la vecindad. Aturdido por el impacto sale a averiguar lo sucedido. Una bomba terrorista ha dejado una estela de muertos y heridos. Sin embargo, lo más desconcertante para José será encontrar entre las víctimas, a un hombre que llora la muerte de su esposa e hija. Parece calcado de su retrato.
A partir de allí, José se va a seguir topando con varios dobles suyos. Cada uno tiene su propia personalidad y pertenece a un bando diferente. Como si la enfermedad hubiera desencadenado la aparición de todos sus alter-egos. Como si las ronchas de su cuerpo se manifestaran con todas sus actitudes, cada una con vida propia.
El alegre carnaval se estrella una mañana cuando descubre unas ronchas en el ombligo. Pronto aparecen en sus manos, y en el pecho. Alberto, un compañero de trabajo a quien encuentra en el baño vomitando, le dice que no es el único. Él también está contagiado de ‘litomiasis’, una extraño virus que viene de la selva y destruye los tejidos del cuerpo de forma inevitable y asquerosa.
José no vislumbra entonces otro camino que el suicidio. Cuando está a punto de pegarse un tiro en la boca, una terrible explosión ocurre en la vecindad. Aturdido por el impacto sale a averiguar lo sucedido. Una bomba terrorista ha dejado una estela de muertos y heridos. Sin embargo, lo más desconcertante para José será encontrar entre las víctimas, a un hombre que llora la muerte de su esposa e hija. Parece calcado de su retrato.
A partir de allí, José se va a seguir topando con varios dobles suyos. Cada uno tiene su propia personalidad y pertenece a un bando diferente. Como si la enfermedad hubiera desencadenado la aparición de todos sus alter-egos. Como si las ronchas de su cuerpo se manifestaran con todas sus actitudes, cada una con vida propia.
